1. Define qué necesitas que aporte el juguete
Antes de comprar nada, pregúntate qué necesita tu hijo en este momento: ¿descargar energía, estar más concentrado, calmarse, desarrollar el lenguaje, jugar en familia? La intención marca el camino mucho más que la moda del momento.
Ejemplos de intenciones
- Que se mueva más: juguetes de exterior, pelotas, correpasillos.
- Que se concentre: puzzles, encajables, juegos de construcción.
- Que se exprese: muñecos, juego simbólico, cocinitas.
- Que se relaje: peluches, juguetes sensoriales, libros blandos.
2. Ten en cuenta la edad… pero también el momento
Las recomendaciones por edad son una guía útil, pero cada niño tiene su ritmo. Un juguete “para 4 años” puede ser perfecto para un niño de 3 que va muy avanzado, o aburrido para uno de 5 que necesita más movimiento.
Observa cómo juega ahora y elige algo que le suponga un pequeño reto, pero sin frustrarle.
3. Menos luces y sonidos, más juego real
No todos los juguetes con luces, sonidos y botones son malos, pero muchas veces hacen “demasiado” por el niño. Los mejores juguetes son los que dejan espacio para la imaginación y no lo dan todo hecho.
4. Mira más allá del marketing
Que un juguete esté por todas partes no significa que sea el mejor para tu hijo. Lee la descripción, piensa cuánto durará su interés y pregúntate si de verdad encaja en vuestra forma de criar.
5. Ten siempre una lista de ideas
Cuando veas un juguete que te gusta (en una tienda, en casa de alguien, en redes), apúntalo. Así, cuando llegue un cumpleaños o Navidad, no empezarás desde cero ni comprarás por impulso.
Conclusión
Elegir un buen juguete no va de seguir modas, sino de conocer a tu hijo. Si piensas primero en lo que necesita y después en lo que se vende, acertarás muchas más veces de las que fallarás.